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Sustratos para la Agricultura Orgánica

  • 11 febrero 2019
  • Por Ana Luisa Ramos Díaz

El comercio internacional de productos hortícolas fue estimado en aproximadamente $60 billones de dólares en el 2002, desde entonces se ha incrementado tanto en cantidad como en calidad. Para abastecer la demanda muchos productores a nivel mundial sobre explotan la tierra y utilizan sistemas de cultivo en donde el excesivo uso plaguicidas y agroquímicos, podrían causar daños permanentes al medio ambiente y a la salud de los consumidores. En respuesta, en los últimos años se han escuchado las voces de los consumidores en busca de alimentos libres de contaminantes químicos, y la exigencia del mercado a productos de la agricultura orgánica.

 

La agricultura orgánica contempla, a través de métodos naturales y tecnológicos, la producción de alimentos sanos de gran calidad nutritiva y en cantidad suficiente, sin dañar el medio ambiente. El sector orgánico tiene ahora un crecimiento rápido a nivel mundial y esta expansión es particularmente notable en los países desarrollados. En contraparte, muchas de las características organolépticas y rendimiento de los productos del campo se han logrado al uso de agroquímicos y mejoramiento genético, lo cual es difícil lograr con métodos convencionales.

 

 

Adicionalmente, en materia del mercado de productos orgánicos no solo se refiere a productos frescos, se amplía a productos procesados como mermeladas, café soluble, entre otros muchos, por lo que se requiere suplementos de empaques, aditivos y tecnología en la conservación de estos alimentos especializados, lo que  muchas veces encarece el proceso para los productores y ocasiona un mayor costo para los consumidores finales. Es por ello que es necesario desarrollar investigación científica y tecnológica dirigida en mejorar los sistemas de producción orgánica sin que se comprometa la calidad del producto final y los rendimientos del cultivo, para que sea redituable para los productores y que estos productos estén al alcance de todos.

 

Un ejemplo de la investigación aplicada en el tema es el proyecto desarrollado entre el Centro de investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del estado de Jalisco (CIATEJ) y la empresa Flores Finas de Teya, donde se desarrolló un sistema de cultivo orgánico para hortalizas, en el cual se estableció la metodología para el uso de sustratos producidos localmente, lo que permitió reducir costos y tiempo de adquisición de dichos productos. Los resultados del proyecto lograron estandarizar la calidad de los productos agrícolas utilizando sustratos orgánicos locales y la aplicación de sustancias nutritivas orgánicas (Pacheco L. et al., 2016). El proyecto permitió evaluar sustratos locales como hojarasca, greña de coco entre otros, para determinar si era factible su uso, ya que muchos de los sustratos comerciales, después de un ciclo de cultivo ya no son útiles y se tienen que remplazar, encareciendo el proceso y aumentando la cantidad de desechos.  El modelo de negocio que propone la empresa, ha sido exitoso, permitiendo que la oferta de productos orgánicos crezca en la región. La cultura de producción orgánica crece en México a beneficio de los consumidores finales, de los trabajadores agropecuarios y del ambiente, reduciendo los daños al ecosistema.

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